"Nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia"
(2 Pe 3, 8-14)
En cada Adviento, la Iglesia celebra de manera especial el memorial de su Señor que vino, cuando se hizo uno de nosotros en el seno de la Virgen María, que viene a nosotros todos los días dándonos su Espíritu, y que vendrá al final de los tiempos a llevar a plenitud su obra de salvación de la humanidad. Por eso, en estos días de gracia, permanecemos atentos para acoger el gozo que su venida nos concede, y, confiados en su promesa, "esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia" (2 Pe 3, 8-14).
Existe una profunda convergencia entre el anhelo humano de plenitud y la respuesta que Dios Padre ha dado a los seres humanos de todos los tiempos en su Hijo Jesucristo: "un cielo nuevo" y "una tierra nueva"; "justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo" (Rom 14, 17).
Sí, la obra de Dios Padre guarda una estrecha relación con los anhelos más genuinos del ser humano: ¡un cielo nuevo!, ¡una tierra nueva!; ¡justicia!, ¡paz!, ¡dicha plena!; son también los reclamos que brotan cada día del corazón de nuestros pueblos. El cielo nuevo, la tierra nueva, su justicia, su paz, su plenitud, son los dones que Dios Padre en su Hijo Jesucristo ofrece a la humanidad entera y que la Iglesia está llamada a testimoniar e irradiar.
Cuando, al comienzo del año, los invité a construir juntos el nuevo Plan de Evangelización para nuestra Arquidiócesis, lo hice movido por el mandato del Señor a ser signos e instrumentos de su obra, del "cielo nuevo" y de la "tierra nueva" que él ha inaugurado, de su Reino que es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. En este contexto, la celebración auténtica del Adviento y de la Navidad nos ayuda a dar mayor sentido al esfuerzo conjunto que venimos haciendo de pensar y proyectar la acción evangelizadora de la Iglesia en Bogotá. Así, la construcción del Nuevo Plan de Evangelización nos permitirá, reconocernos y proyectarnos como Iglesia viva que desea asumir con fidelidad la misión que el Señor Jesucristo le confía en el nuevo milenio.
Animado por el Espíritu del Señor Jesucristo, quiero elevar mi acción de gracias al Padre de la misericordia por todos Ustedes, por el trabajo que vienen desarrollando. Los trabajos de discernimiento sobre el presente y el futuro de la Iglesia en la ciudad han implicado generosidad de parte de todos y esfuerzos que bien valen la pena. Ya comienzan a percibirse los frutos de las reflexiones, el valor de la comunión que se teje y la fuerza de la participación que se suscita. Este proceso nos ha permitido encontrarnos y conocernos; escucharnos y construir consensos; caminar juntos y sentirnos corresponsables en la Evangelización. En la fidelidad de todos ustedes a lo largo de este camino, veo manifiesta la fidelidad del Señor. ¡Gracias por su respuesta!
Al ritmo del nuevo año litúrgico, daremos próximamente los pasos decisivos del proceso: recogeremos y leeremos con fe el fruto de la consulta y proyectaremos el futuro de la Iglesia en la ciudad. De esta manera, podremos reconocer y poner por obra el querer de Dios para con su Iglesia en Bogotá.
Los invito a seguir haciendo el camino juntos, a vivir con profunda fe el nuevo año litúrgico, a iniciar el Adviento con la firme convicción de que el Señor ha venido, viene y vendrá; les invito a reconocerle presente, a colaborar con Él, a "preparar su camino y allanar su sendero" (Lc 3, 4).
La oración intensa y la escucha de la Palabra que da vida; la conversión sincera, la celebración asidua de la Eucaristía y de la reconciliación y los consecuentes actos de misericordia con los pobres y afligidos, nos permitan ser signos de la novedad de la obra que el Padre Dios realiza en su Hijo Jesucristo. ¡Hombres y mujeres nuevos para un cielo nuevo y una tierra nueva!
Nos alienta siempre la promesa del Señor: "Él los mantendrá firmes hasta el final" (1 Cor 1, 8); "El que los ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas" (1 Tes 5, 16).
La novedad de Dios se manifieste en su Iglesia para gloria suya y para el bien de todos los habitantes de nuestra ciudad. Justicia, Paz y Gozo en el Espíritu del Señor Jesucristo, al iniciarse el nuevo año litúrgico.
Imploro sobre ustedes la abundancia de las bendiciones divinas en las fiestas de Navidad y Año Nuevo.
Rubén Salazar Gómez
Arzobispo de Bogotá
Primado de Colombia