Los obispos, reunidos en la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe, aprobaron por unanimidad la realización de una Misión Continental, cuya finalidad será socializar la riqueza, enseñanzas, orientaciones y prioridades de dicha Conferencia.
La Misión Continental es un tiempo de gracia para la Iglesia que peregrina en América Latina y el Caribe, un tiempo para tomar conciencia de su auténtica vocación cristiana. Es una Misión permanente, única y variada, que expresa la voluntad de la Iglesia de ser discípula y misionera de Cristo para transmitir a los demás la alegría de la fe en el actual proceso de cambio que vive la sociedad en general.
La Misión Continental tendrá como protagonista al Espíritu Santo (cf. Redemptoris Missio, 21) presente en las Conferencias Episcopales y en las Iglesias locales vivas, que tendrán la tarea de proyectar, impulsar y ejecutar dicha Misión. Esta tendrá frutos en la medida en que sea llevada a cabo por una Iglesia unida, en comunión y corresponsabilidad con todos los miembros del Pueblo de Dios. La comunión es particularmente importante entre los miembros del clero: obispos y presbíteros de una misma conferencia episcopal y diócesis. Los obispos, presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas, consagrados, consagradas, jóvenes, laicos y laicas son agentes de la Misión, quienes han de vivir una profunda espiritualidad misionera. Los agentes han de contar además con una cualificada formación teológica y misionológica, a adquirirse en los Centros o Institutos especializados ya existentes o en Centros nuevos a ser creados.
La Misión cuenta con el apoyo decisivo de los laicos, llamados a vivir la vocación universal a la santidad y a la misión (cf. Redemptoris Missio, 90) en sus propios ámbitos de familia, relaciones interpersonales, trabajo… En este sentido, la participación de los movimientos eclesiales y de las asociaciones laicales, con el dinamismo e ímpetu propios, es fundamental para el éxito de la Misión Continental.
La Misión exige renovar las estructuras pastorales de las diócesis, parroquias, comunidades eclesiales de base, pequeñas comunidades, en perspectiva misionera.
El proceso de misión permanente, como proceso evangelizador que pretende llegar a todos los miembros de la parroquia, ha tenido sus comienzos en el proceso de la nueva evangelización, que completa nueve años de iniciado en la parroquia.
Porque la misión implica una profunda revisión del modo como se está realizando el primer anuncio y cómo se está renovando desde ahí la vida cristiana y las mismas estructuras parroquiales, el proceso de nueva evangelización ha traído a la parroquia aires de renovación, que se expresan en una presencia y acción de los laicos cada vez más comprometida con el testimonio misionero. Igualmente, la misión en la parroquia ha tenido ya dos iniciativas que, teniendo en cuenta la metodología que propone el SINE, ha realizado ya dos misiones sectoriales, que han llevado a una mayor conciencia de que el trabajo de ir a los alejados es no solamente un asunto de acciones puntuales, sino un ejercicio permanente, que pueda generar procesos de anuncio, de cercanía a las realidades de la vida parroquial.
En diciembre del 2009 se realizó este último esfuerzo misionero, que, sin embargo, necesita ser perfeccionado en cuanto a su continuidad y que tiene que ir abarcando más y más espacios de acción misionera explícita.
La parroquia se propone seguir en el trabajo emprendido, involucrando a los ya evangelizados y proponiéndose un crecimiento mayor y mejor organizado en el trabajo misionero. Para ello, igualmente, se propone seguir con: