SÁBADO 28 DE ENERO DE 2012 - Santo Tomás de Aquino, Presbítero y Doctor de la iglesia
Samuel 2 12,1-7a.10-17; Salmo 51; Marcos 4,35-41.
Los apóstoles, curtidos marineros, estaban atemorizados por la tormenta, y Jesús descansaba tranquilamente sobre un almohadón, a popa de la barca. Lógicamente, los apóstoles se sorprenden al ver que el Señor está absolutamente confiado ante tal situación mientras ellos temían a la muerte.
¿Qué valor le está dando Jesús a la vida? ¿Por qué no teme a la muerte? Es lógico pensar que la carencia de miedo es por la confianza que tiene en Dios. Jesús vino para perder la vida dándola y la vive sintiendo que ésta no es para él sino para los demás.
Así pues, no nos queda otra opción que vivir dando la vida a pesar de los miedos que nos acechan. Teniendo la certeza de que nos queda tanta vida por dar, nos quedan tantas ilusiones por descubrir y tanto amor que dar y recibir, que el miedo no puede vencernos. Justo tal y como hacen todas esas personas que viven su fe y son fieles a ella a pesar de los temores por perder su vida.
Desde aquí no queremos dejar de mostrar nuestra profunda admiración a todas las personas que, a pesar del miedo, viven siendo fieles a su fe. Sobre todo, esos hermanos nuestros, perseguidos por ser cristianos en algunos países del mundo, cuando simplemente celebrar la Eucaristía se convierte en un delito duramente castigado. Cuánto tenemos que aprender de ellos cuando nosotros aquí a veces somos tan timoratos para mostrar nuestra condición creyente y católica.
Por ellos, pues, hoy damos gracias a Dios por su valentía y pedimos al Señor que, a pesar de las tempestades que casi hacen zozobrar nuestra barca, también nosotros confiemos siempre en Cristo
Marcelino Manzano Vilches.
Párroco de Ntra. Sra. de la Asunción de Lora del Río